No superó 4º de Bachillerato. Sí romanticismo de vanguardia festoneado y marxismo a voluntad. Así fue el “poeta del exilio”, Rafael Alberti, que no es que escribiera a la muerte de su padre, es que a la muerte de su padre cambia el pincel por el verso, refugiándose en él por su existencia.
Exigencias paternales le apartan en primicia de su bahía de Cádiz, su paraÍso perdido, rumbo a la gran ciudad, Madrid; lance que encarnará en su “Marinero en tierra”, rumbo al Premio Nacional de Literatura 1.925. Se haría, en 1.983, con nuestro máximo galardón, el Cervantes.
París, Buenos Aires, Roma le acogen en su segundo e ideológico exilio. ¡Treinta y ocho años mudando nostalgia en versos!
Le repatría la Monarquía de 1.977 y, pie a tierra del avión que le acarrea, casi arenga: “Me fui con el puño en alto y vuelvo con la mano abierta en señal de concordia entre los españoles.”
…¿Se equivocó la paloma? ¿Se equivocaba?…
Hombre de la ancha y fecunda generación del 27, conocida así por el homenaje que en ese año rindieron a Góngora, modelo y guía, en el Ateneo de Sevilla, trescientos años luego de su muerte, fieles seguidores de la palabra, de la imagen dicha, del contar radiante:
 
…”¡Oh mi voz condecorada
con la insignia marinera:
sobre el corazón un ancla
y sobre el ancla una estrella
y sobre la estrella el viento
y sobre el viento la vela!”
 
Y sobre la vela el tinto.
Que a la lona embravecida
la ventisca salpicara
con Rincón de la Cautiva.

Juan José Jiménez S.

¡Síguenos en las redes y no te pierdas nada!