Adra. En la provincia de Almería, a la vera de la de Granada. Un pueblo lleno de historia, de sol y de mar azul. Cobijo de veintitrés mil habitantes, nace de padres fenicios, avispados comerciantes, en el s. VIII a. C. Entre éste y el s. IV, también anterior a Cristo, hubo de ser tartesa, tomando luego su nombre, Abdera, de su período griego en que quedó bautizada como aquella otra helénica, con la que estamos hermanados. Púnica más tarde, cuando vienen las malas para los cartagineses, son los romanos los encargados de guerrear y llevarse salazones y “garum”, salsa afrodisiaca de vísceras de pescado fermentadas, que aquí hacíamos muy bien y a los romanos de alto “standing” les encantaba.