No es de Ronda ni se llama Cayetano; es de Illinois y se llama Ernest. Ernest Hemingway, escritor y periodista estadounidense, escueto y solitario, a quien encontramos el la “carifoto” con el Niño del zapatero de la calle de La Palma y con Antonio Ordóñez, uno de sus hijos, de luces.

Y es que el americano ha decidido seguir al maestro rondeño plaza a plaza, toro a toro. Hoy la imagen le sorprende en la Goyesca de Ronda, para que sepa todo el mundo que no solo va a los sanfermines, que también.
Distrae sus soledades en el mar, pescando peces espada en aguas cubanas, truchas en los ríos interiores y merluzas en bares de diferente estirpe.

Cronista y conductor de una una ambulancia en la guerra de 1.914 hasta que, cosa que siempre creyó que solo ocurría a otros, cayó gravemente herido. Se enredó en nuestro conflicto civil, reportero y trincherista, intentando saber de cierto por quién doblan las campanas y, años luego, nos contó la Segunda Guerra Mundial desde el propio lugar por el que corretaban las balas y otros materiales homicidas.
O sea, que lo suyo sí guerreó. Incluso parte de lo de otro.

Pero su obra toda, también es acreedora al Premio Nobel de Literatura para el que tuvo el gesto de afirmar que merecían otros, pero que el dinero que acarreaba le venía muy bien.
Hijo también de suicida, antes de descerrajarse un tiro en la boca con una escopeta de caza, dió en definir el idealismo:

“Un idealista es aquel que, al notar que una rosa huele mejor que una col, deduce que hará una sopa mejor.”

Y, quizá también, quien toma una copa de tinto Rincón de la Cautiva leyendo el Ideal.