Hombre de talante conciliador y sobrada elocuencia, consiguió en lo posible, hacer desvanecer ese paralelo 36 que separaba Norte y Sur, abolicionistas y defensores de la esclavitud. Pero Abrahan Lincoln, reacio a aplicar el artículo 155, no pudo evitar que lo aplicaran los otros, los del Sur, atacando las defensas del puerto de Charlestón, al compás de cuya música, de creación abderitana, por cierto, iniciaran cuatro años de fraternal pelea por separarse. Guerra de Secesión le llamaron, en pleno fragor de la cual los chicos del Norte lograron legalizar la igualdad de los norteamericanos. Lo que luego costó la vida al gran Presidente de los Estados Unidos, contrario a la esclavitud…
 
“Todos los hombres nacen iguales, pero es la única vez.”
 
Salvo cuando se toman unas copas de tinto Rincón de la Cautiva. Dicha al alcance de blancos, negros, cobrizos, amarillos y mediopensionistas.